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Otro caso más de acoso escolar.

Sabemos de muchos casos de acoso escolar; sin embargo, el último que hemos podido conocer a estremecido a muchos madrileños y en general, a toda la sociedad española.

Diego sólo tenía 11 años de edad y decidió quitarse la vida porque no aguantaba más la situación de acoso a la que se enfrentaba diariamente. Que un niño de 11 años, decida elegir esta salida, es que realmente su dolor era atroz.

Eligio morir porque no quería mas humillaciones, golpes o insultos; no quería seguir viviendo en un mundo, donde solo le mostraban lo peor de la existencia humana. Dicen que los niños son los más crueles y es verdad.

A esas edades, la maldad y las consecuencias de nuestros actos, no las calibramos; y que decir si encima vivimos en un ambiente familiar, donde los insultos, el maltrato y demás, nos reciben a llegar a casa.

O simplemente, cogemos manía a un/a compañero/a y queremos o nos desahogamos con ellos, hasta tal punto que queremos verles llorar y sufrir.

Otro caso más de acoso escolar.

Otro caso más de acoso escolar.

Pero lo peor que esos niños, esos menores que humillan, agreden, acosan y hasta terminan con la vida de otro, se harán adultos y pueden que lleguen a ser jefes, médicos, políticos o entren en el mundo de la delincuencia.

Siempre ha existido el acoso escolar; el problema es que en la actualidad, ya no se termina ese acoso al salir de clase o no yendo ni siquiera al parque de al lado de casa, por temor a encontrarte con los que se ríen de ti en el colegio.

Ahora continua en las redes sociales, en internet, en los mensajes del móvil.. Se crea una atmosfera que oprime a la victima sin dejarla un respiro de aire fresco.

Diego tenía 11 años y una vida por delante, quien sabe donde podía llegar, podría haberse convertido en un ciudadano respetable, en un buen hombre, en un veterinario, médico, abogado, artista, piloto, bombero…Lo que hubiese querido o por lo menos, haberlo intentado; haber luchado por sus sueños.

Pero esos «compañeros» de colegio, le cortaron las alas demasiado pronto. Se las quitaron de raíz, se las arrancaron. Él no veía un futuro porque el presente era lo que le marcaba, lo que le hacía irse a dormir, sabiendo que al día siguiente iba a ser como todos los días en el colegio.

Vivir con esa angustia y no poder solucionarlo, le costó la vida a Diego. Su carta, su último legado, nos ha mostrado una madurez increíble. Nos muestra el amor que tenia por su familia y ese perdón, nos rompe el alma.

Pide perdón por haber decidió bajarse del tren de la vida, su tren lleno de oscuridad y dolor. Ese tren que tenía que estar lleno de esperanzas. Él no tenia que pedir perdón, somos la sociedad, los que tenemos que pedirle perdón a él.

Son los responsables del colegio, el profesorado, sus «compañero/as», las instituciones, todos ellos, son los que deben pedirle perdón.

Si los niños son así, si son crueles o hacen actos atroces, es porque las personas , los adultos, los que se suponían que debían educarles, no han hecho nada al respecto. No han hablado con ellos, no les han explicado que sus actos pueden desencadenar consecuencias fatídicas.

Y los que debían vigilar a esos adultos que están con los menores, han fallado en todo. En cómo deben exigir que en los centros educativos, exista garantías y protección para las víctimas del acoso.

¿Porque la víctima tiene que cambiar de colegio?. ¿Porque debe huir?. ¿Por qué no se hace nada con esos perseguidores?. Porque al fin y al cabo, tanto victimas como acosadores, serán parte de la sociedad el día mañana, serán ciudadanos adultos.

¿Y después nos preguntamos porque la sociedad va a donde va?. Si no formamos a los menores en adultos responsables y no les explicamos que si hacen cosas malas pueden terminar teniendo consecuencias contra ellos y si no ven esas consecuencias, no podremos nunca tener una sociedad civilizada con pilares firmes como la honestidad, la ética, la justica, la constancia, el esfuerzo, la lucha…

Solo tendremos a unos matones que querrán tener todo cuando ellos quieran y con el mínimo esfuerzo, pisoteando a los demás, para que ellos sean felices dentro de su inestabilidad emocional y personal.

Los padres de Diego quieren que los responsables hablen, que no se cierre su caso, que no sea archivado.

La sociedad no puede permitir que la muerte de Diego, sea una estadística. Debemos exigir que se investigue, que se sepa que ha ocurrido, que se nos informe del porque nadie, de los adultos y responsables de ese centro, no hizo nada por Diego.

Se deben buscar unos mecanismos que funcionen, que garanticen que los menores estén protegidos. Se debe hablar del acoso abiertamente, se debe denunciarlo y sobre todo, se deben amonestar y reprender a los acosadores.

Estos últimos deben aprender que no se debe humillar y agredir a nadie y a nada. Deben aprender la lección para que no vuelvan a hacerlo. La empatía es lo que nos diferencia de los psicópatas, de los asesinos más fríos de la historia, de los que no respetan a los demás seres vivos.

Debemos educar a los menores para que formen una sociedad, no para que se conviertan en psicópatas en potencia.

El 14 de octubre del 2015, murió Diego. No pudimos apoyarle ni protegerle cuando estaba vivo, pero ahora no debemos dejar que esto termine con un carpetazo. Alguien debe explicar lo que paso y alguien debe responder ante la justicia.

En Indicios, detectives en Madrid, recibimos a muchos padres desesperados, que quieren saber que les pasa a sus hijos, ven como han cambiado drásticamente su comportamiento. A veces, piensan que puede haber por medio drogas, pero cuando saben y observan a sus hijos, sospechan que puede ocurrir algo más.

Identificar el problema, descubrir la verdad, son requisitos necesarios para probar un acoso. Pero desagraciadamente, muchos menores, ocultan muy bien, por lo que están pasando, de ahí que a veces, sea casi imposible saber la verdad hasta que es demasiado tarde.

Indicios-Agencia de detectives privados en Madrid.

 

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